
El 2020 empezó con optimismo, Colombia se mostraba como uno de los países con las mejores perspectivas en la región y el gobierno pronosticaba un crecimiento superior al 3,3%, que estaba bien comparado con el resto del vecinadario. Pero, infortunadamente, llegó lo inesperado: el coronavirus puso al país es cuarentena y se produjo el desplome total de los precios del petróleo, el principal producto de exportación. Vuelco total en las cuentas.
El nuevo panorama no podía ser más complejo: frenazo a la actividad económica, caída importante de los ingresos y una enorme presión sobre el gasto del gobierno para aminorar los daños de la emergencia sanitaria y de la parálisis económica.
